Las relaciones amorosas en la adultez emergente presentan múltiples alternativas y denominaciones, dependiendo de niveles diferenciales de involucramiento emocional, exclusividad, intimidad sexual, permanencia en la relación y su formalización. Esta relaciones se dan en un contexto social donde coexisten diversas concepciones del amor, del sexo, del placer y legitimidad de diversas formas vinculares.
Los jóvenes difieren en su capacidad de encontrar pareja y establecer una relación. Uno de los factores que puede afectar este proceso, refiere a las experiencias que se ha tenido con el cuidador primario (habitualmente la madre) en cuanto la relación de apego. Esta relación primaria establecería un prototipo de relación a través de la conformación de modelos operativos internos, que se extendería a las relaciones de amistad y pareja, afectando las características y grado de satisfacción con las mismas. Efectivamente, Brumbaugh y Fraley sostienen que existe una transferencia de los estilos de apego a parejas potenciales imaginarias, aún cuando éstas últimas difieran significativamente en sus atributos de parejas anteriores. Las personas con estilos de apego más ansiosos y evitativos, anticipan sentirse más ansiosos y más evitativos con esa pareja potencial. Esto implica que los modelos operativos internos constituyen una disposición interpersonal que influencia las interacciones iniciales en las relaciones de pareja y el destino de las mismas. Sin embargo, la transferencia de los modelos operativos internos globales a otras relaciones, y la existencia de modelos operativos específicos a una relación en particular son un aspecto aún en estudio.
Las relaciones de pareja en la edad adulta son por norma general, más satisfactorias que las vividas durante la juventud. La madurez nos ayuda a disfrutar de un mayor bienestar y equilibrio emocional. En la adultez temprana, según Erickson, las personas se encuentran en la fase de intimidad vs. aislamiento. La intimidad vendría a ser esa fuerza sintónica que lleva al joven adulto a confiar en algún compañero tanto en el amor como en otras relaciones interpersonales.

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